martes, 20 de mayo de 2008
Creative Commons
Tengo que felicitar al que haya puesto el logo de CreativeCommons. Sospecho que fue Pablo. ¡Enhorabuena! (Aunque sostengo que no nos "protege", al menos definimos cómo queremos posicionarnos)
domingo, 18 de mayo de 2008
Éntrenle colegas...
Más allá de la voz
Voy a contar esto bajo el orden cuadrangular de la mirada, para que Ella, pueda comprenderlo algún día:
Escena 1:
Ella duerme entre él y el radio, el bulto en el área izquierda del colchón y sobre el buró, el telégrafo sin cables. Éste, además de cumplir la función de despertador, es como un loro que distiende los monólogos, fauna oportunísima para sublimar los deseos. Pues no bastaba ya la proximidad de los cuerpos, la cohabitación anímica, hacia falta una respuesta, siempre una respuesta, una simple y sencilla confirmación sonora de pelota de ping-pong.
—No tiene caso, nunca dejarás de posar tus pechos sobre mí sin decir una sola palabra—le decía mientras acariciaba su espalda acompañada por Pastorius, y después por Coltrane.
—¿Y Mingus?, y la radio nunca contestaba.
Ya para esas horas los ronquidos eran gárgara a través de los acordes, pistones carburando una chispa onírica. Lo mismo daba si dormía, el aparato nada significaba para ella, las cursilerías de algunos programas, el academicismo de las voces matutinas, el mecánico sonsonete de la alarma.
Y no sólo ahí, en la alcoba, los oboes eran no otra cosa que lustroso escenario, siempre como un colmo de imágenes que aligeraba el silencio, (también para él, acostumbrado ya a la sinestesia).
Pero siempre el mal sabor del ojo: verla ahí en su néctar de guanábana madura, para después llegar al agrio sabor de los huesillos cuando se les muerde; saber que sólo habían impreso huella sus manos y quizá algo parecido a una sordina cansada; que antes de conmoverla había aprendido a esculpirla, que si podía presumir de cierto lirismo, sólo podría hablar, en ese momento, de aquello que emulaba su nariz respingada sobre la almohada.
Escena 2:
La alarma lo despierta. Él a ella con las ventosas del habla sobre el cuello y los hombros. Davis yBrubeck preceden al noticiero. Irrumpen las batallas del territorio, las marítimas, las comerciales, las filosóficas, todas concatenadas por un discurso unilateral, como el suyo, que nunca recibiría un “hemos escuchado su opinión, mire, creemos que las cosas son así, usted sabe a qué nos referimos” o simplemente un “te escucho”. Las noticias amenazan y a manera de corolario, una gimnopedia desnuda el baile de los pugilistas.
Ella despierta y saluda al día con las manos, como decorando el silencio con capullos que se abren y cierran. Siempre capturando las noticias y hechizando el ambiente con reminiscencias de la jones y susunshine. Y era tal su agilidad, que apenas una molestia impulsaba desde el húmero un índice definitivo, ya el puño condescendía a ocultarlo, ya el pulgar invitaba a las falanges a suavizar el gesto pendiente en el aire, ya el seño sugería una furia y entonces se veía las manos arrepentida, sin poder gritar. Y a él correpondía un Wagner introducido por la voz monótona y gangosa del locutor: Parsifal, como en la Patagonia, abría aquí un discurso iniciático: que a Debussy le gustaba y que a Nietszsche no, sí, pero además, que ella guardaba un secreto más allá de la voz y que aun era tiempo en que mataba cisnes indiferente a sus virtudes.
Escena 3:
Sobre la mesa de la alcoba una caja de cereal inflado. Ella nunca gritaría: se acercó al aparato para descifrar en sus bocinas una huella, los números fluorescentes, los puntos intermitentes del reloj digital, una presencia que suponía siempre ahí y que encontraba sin siquiera poder percibirla.
—No tiene caso, nunca dejarás de posar tus pechos sobre la radio sin decir una sola palabra, atinando con la perilla, de manera mágica e indescifrable, en la estación oportuna—le decía observando su espalda desde la mesa mientras sumergía la cuchara en el tazón, acompañado por Pastorius, y después por Coltrane.
—¿Y Mingus?, y nunca contestaba.
Ella, sigilosa como si se escuchara, vuelve a las sábanas para dormir. Lanza con la mano un beso a la fauce bajo su nariz aguileña y cambia de estación, atinando con bálsamo nuevamente.
—Siempre tu mano escultora como una curación para mi llanto de clavecín—le dice ahora sin esperar nada a cambio y escuchando, solitario en los oídos como siempre, duerme duerme negrito, que tu mama está en el campo, negrito...
Voy a contar esto bajo el orden cuadrangular de la mirada, para que Ella, pueda comprenderlo algún día:
Escena 1:
Ella duerme entre él y el radio, el bulto en el área izquierda del colchón y sobre el buró, el telégrafo sin cables. Éste, además de cumplir la función de despertador, es como un loro que distiende los monólogos, fauna oportunísima para sublimar los deseos. Pues no bastaba ya la proximidad de los cuerpos, la cohabitación anímica, hacia falta una respuesta, siempre una respuesta, una simple y sencilla confirmación sonora de pelota de ping-pong.
—No tiene caso, nunca dejarás de posar tus pechos sobre mí sin decir una sola palabra—le decía mientras acariciaba su espalda acompañada por Pastorius, y después por Coltrane.
—¿Y Mingus?, y la radio nunca contestaba.
Ya para esas horas los ronquidos eran gárgara a través de los acordes, pistones carburando una chispa onírica. Lo mismo daba si dormía, el aparato nada significaba para ella, las cursilerías de algunos programas, el academicismo de las voces matutinas, el mecánico sonsonete de la alarma.
Y no sólo ahí, en la alcoba, los oboes eran no otra cosa que lustroso escenario, siempre como un colmo de imágenes que aligeraba el silencio, (también para él, acostumbrado ya a la sinestesia).
Pero siempre el mal sabor del ojo: verla ahí en su néctar de guanábana madura, para después llegar al agrio sabor de los huesillos cuando se les muerde; saber que sólo habían impreso huella sus manos y quizá algo parecido a una sordina cansada; que antes de conmoverla había aprendido a esculpirla, que si podía presumir de cierto lirismo, sólo podría hablar, en ese momento, de aquello que emulaba su nariz respingada sobre la almohada.
Escena 2:
La alarma lo despierta. Él a ella con las ventosas del habla sobre el cuello y los hombros. Davis yBrubeck preceden al noticiero. Irrumpen las batallas del territorio, las marítimas, las comerciales, las filosóficas, todas concatenadas por un discurso unilateral, como el suyo, que nunca recibiría un “hemos escuchado su opinión, mire, creemos que las cosas son así, usted sabe a qué nos referimos” o simplemente un “te escucho”. Las noticias amenazan y a manera de corolario, una gimnopedia desnuda el baile de los pugilistas.
Ella despierta y saluda al día con las manos, como decorando el silencio con capullos que se abren y cierran. Siempre capturando las noticias y hechizando el ambiente con reminiscencias de la jones y susunshine. Y era tal su agilidad, que apenas una molestia impulsaba desde el húmero un índice definitivo, ya el puño condescendía a ocultarlo, ya el pulgar invitaba a las falanges a suavizar el gesto pendiente en el aire, ya el seño sugería una furia y entonces se veía las manos arrepentida, sin poder gritar. Y a él correpondía un Wagner introducido por la voz monótona y gangosa del locutor: Parsifal, como en la Patagonia, abría aquí un discurso iniciático: que a Debussy le gustaba y que a Nietszsche no, sí, pero además, que ella guardaba un secreto más allá de la voz y que aun era tiempo en que mataba cisnes indiferente a sus virtudes.
Escena 3:
Sobre la mesa de la alcoba una caja de cereal inflado. Ella nunca gritaría: se acercó al aparato para descifrar en sus bocinas una huella, los números fluorescentes, los puntos intermitentes del reloj digital, una presencia que suponía siempre ahí y que encontraba sin siquiera poder percibirla.
—No tiene caso, nunca dejarás de posar tus pechos sobre la radio sin decir una sola palabra, atinando con la perilla, de manera mágica e indescifrable, en la estación oportuna—le decía observando su espalda desde la mesa mientras sumergía la cuchara en el tazón, acompañado por Pastorius, y después por Coltrane.
—¿Y Mingus?, y nunca contestaba.
Ella, sigilosa como si se escuchara, vuelve a las sábanas para dormir. Lanza con la mano un beso a la fauce bajo su nariz aguileña y cambia de estación, atinando con bálsamo nuevamente.
—Siempre tu mano escultora como una curación para mi llanto de clavecín—le dice ahora sin esperar nada a cambio y escuchando, solitario en los oídos como siempre, duerme duerme negrito, que tu mama está en el campo, negrito...
martes, 13 de mayo de 2008
Ejercicio 2. Oremos al señor para que tenga más éxito que el 1
Sencillito: el alef. Una grieta una costra, en la que se ve pasado presente y futuro. ¿Cómo contarlo? Conocemos la solución del viejito raboverde Borges en casa de Estela y el hermano celoso burlándose del ridículo bulto en el suelo... Lorenza decía que ella no lo contaría desde ningún personaje sino desde la grieta misma (reto técnico y narrativo). Bordo decía que él como algo terrible y ominoso que por miedo, el que lo encuentra no lo cuenta. Escojan estos puntos de vista o los que quieran. También el género, cuento, guión, poema, foto...minificción: Cuando despertó, el alef seguía ahí comiéndoselo. Quieren poner fecha límite? No lo creo. Oremos hermanos al señor...
viernes, 9 de mayo de 2008
Vicente Mío
Hola Vicente.
Soy yo, tú,
el otro también.
Ya no traigo paracaídas, Vicente,
y no es que haya perdido el miedo a la caída.
Me conoces, ya muerto.
Te extraño, como sentimiento.
¿Vicente? ¿Me escuchas?
¿Perezco? ¿Mi voz?
¿Altazor?
Ni rosa ni un paso atrás: Azucena;
pienso mejor en frutas,
ya no flores,
ya no llores . . .
Sobre mí sitúo la mirada.
¡Ya no! Lloro.
Contigo bajo tierra
charlo.
Molino de tiempo
por tu viento.
Platico de nuevo
-no te agobies,
no te olvido . . .
Soy yo, tú,
el otro también.
Ya no traigo paracaídas, Vicente,
y no es que haya perdido el miedo a la caída.
Me conoces, ya muerto.
Te extraño, como sentimiento.
¿Vicente? ¿Me escuchas?
¿Perezco? ¿Mi voz?
¿Altazor?
Ni rosa ni un paso atrás: Azucena;
pienso mejor en frutas,
ya no flores,
ya no llores . . .
Sobre mí sitúo la mirada.
¡Ya no! Lloro.
Contigo bajo tierra
charlo.
Molino de tiempo
por tu viento.
Platico de nuevo
-no te agobies,
no te olvido . . .
jueves, 8 de mayo de 2008
A falta de evohé...
De la charla de ayer, de lo que escuché sobre nuevo historicismo que no entiendo:
Premisas:
1. La Medea de Eurípides es así y sólo así porque está escrita en ese preciso marco histórico (determinismo a la Marx? A la Hobbes?)
2. Pero Eurípides, autor, no cuenta (Barthes, Degré zéro de l’écriture?)
Entonces,
Inducción: bárbaros (Medea) contra griegos (Jasón) pero la Medea es de Eurípides no de Esquilo (no hay tal marco, en todo caso, atenienses, contra pelopo-necios y dónde quedan los abuelitos de Alejandro?)
Deducción: exilio( Eurípides en la corte de Macedonia) conflicto individuo Polis (Anaxágoras, pensamiento radical versus Pericles) pero dijimos que Eurípides no cuenta.. que alguien me explique... Crítica a la ochlogarquía? Reivindicación de la bruja? “personajes más humanos” como dice Reyes Hay un guiño a la relación Aspasia y Perícles? Pero claro todo esto es im-probable y chismerío de vecindad... y de nuevo qué tiene que decir el historicismo a todo esto?
4. Y la Medea de Passolini... es así por el fascismo? (v. g. Saló) je ne trouve aucune relation.
Premisas:
1. La Medea de Eurípides es así y sólo así porque está escrita en ese preciso marco histórico (determinismo a la Marx? A la Hobbes?)
2. Pero Eurípides, autor, no cuenta (Barthes, Degré zéro de l’écriture?)
Entonces,
Inducción: bárbaros (Medea) contra griegos (Jasón) pero la Medea es de Eurípides no de Esquilo (no hay tal marco, en todo caso, atenienses, contra pelopo-necios y dónde quedan los abuelitos de Alejandro?)
Deducción: exilio( Eurípides en la corte de Macedonia) conflicto individuo Polis (Anaxágoras, pensamiento radical versus Pericles) pero dijimos que Eurípides no cuenta.. que alguien me explique... Crítica a la ochlogarquía? Reivindicación de la bruja? “personajes más humanos” como dice Reyes Hay un guiño a la relación Aspasia y Perícles? Pero claro todo esto es im-probable y chismerío de vecindad... y de nuevo qué tiene que decir el historicismo a todo esto?
4. Y la Medea de Passolini... es así por el fascismo? (v. g. Saló) je ne trouve aucune relation.
miércoles, 7 de mayo de 2008
martes, 29 de abril de 2008
Ya que no hay ánimo
Ya que no les veo ánimo de Penteo, espero les salga su Bacante interna y se diviertan despedazando el texto, despedacen por favor, a gusto y a volonté... No digan que les gusta o que no les gusta, sino despedacen y desmenucen:
Quería empezar un cuento, escribir deslizando las teclas como mantequilla. Hoy por fin, tenía el comienzo:
Compartían la manía de nunca acabar. Como otros cuando gustan de hincar mordiscos nerviosos a las puntas de las uñas, o de hurgar en la nariz, ella alimentaba su hábito sin remordimientos.
La mesa de la cocina salpicada de panes mordidos en la orilla y dejados a medias, el librero de la sala adornado de libros con separadores a mitad y con páginas nunca leídas, el cuarto atascado de proyectos inconclusos, de sueños fracturados.
Era algo que aceptaba, preguntándose a veces por qué sería así, pero sin que le molestara en realidad. Creía que era un rasgo y nada más, como las que tenían el cabello claro, o la mirada despistada; algo que la hacía única y verdadera. A veces le había servido incluso para coquetear, para ganar alguna simpatía, algunos ojos húmedos de deseo.
Tampoco en la agencia le había traído problemas. Su jefe la toleraba porque su gran creatividad e inventiva suplían su falta de constancia. Había sido precisamente ella la que tuvo esa idea para el comercial de sopa instantánea y fue también ella quien sugirió el helicóptero con la lluvia de publicidad en el estadio, papeletas moteadas cayendo del cielo, como copos de nieve; la gente estirando al máximo los brazos flexibles para atrapar, con saltos y sonrisas ansiosas.
Tenía el trabajo perfecto para su carácter. Los abogados deben ser firmes, embusteros, los médicos fríos, sensatos, los publicistas dispersos, entusiastas de todo y finalistas de nada. El problema era ahora que quería ponerse a escribir; tenía grandes líneas para abrir y luego, letras sin acabar, puntos suspensi...
Todo empezó a complicarse tras las sesiones de sexo con Martín. Una cosa era no poder terminar una frase, dejar el arroz medio cocido, un boceto sin manos ni ojos, pero nunca terminar con Martín era algo que le preocupaba. Las últimas semanas habían estado fatal: ni un sólo orgasmo.
A la hora del buen sexo, ella se quedaba sin aire, azul. En el fondo de sus primeros gemidos y en el negro infinito de su esófago cantaba una nota roja, siempre la misma. La primera vez, todavía niña, la dulcificó pensando que no hacerlo sería de mal gusto. Y luego, cuando fueron constantes, cayendo una a una, gotificadas como en cascada, no supo cómo atenuarlas rompiendo en llantos de desmayo y muerte febril.
Pero ahora nada de eso pasaba, ni una gotita miserable. Pensó que no era ella sino el hombre. Cambió de pareja dos, tres, hasta cinco veces: nada. La entrada era maravillosa, pero por alguna razón, no había final feliz.
Esta noche verá a alguien nuevo, recomendado. Caminando hacia el lugar acordado piensa en las veces que ha tenido que fingir, la torpeza de todos esos amantes que le permiten imaginar listas y contarse los deberes de la semana, mientras ellos satisfacen su pequeñita gana.
Una vez adentro, en medio de aquella cama de paso, embarrada contra las sábanas blancas y su geografía de arrugas, su mente acechaba un orgasmo, una chispa, una ráfaga...Jura que esta vez...Murmura mentalmente...unos dedos como tenazas la devuelven aquí y ya dice que sí otra vez, ah, claro, que cree que sí, que qué gusto y que ah otra vez, hasta la sangre apagada del latido y el ah de la vena palatal, hasta la ay y la ey de tanto sentir la ay y la ey de ese cuchillo en su garganta y esa rosa en su pubis.
Ninguna rosa, no. No podía terminar con una imagen tan falsa, no había sentido...pero es que era tan difícil explicarlo con letras. Esas pequeñas hormigas laboriosas que no se prestan a los amontonamientos en hemiciclos abruptos...No podía escribir “rosa en su pubis”, tan cursi, tan hipócrita. Además no estaba segura si había... Era tan difícil distinguir entre el blanco de las sábanas y el del papel...Juró que terminaría pero seguía dando vueltas con eso de “la vena palatal”... y “ay”... ¿por qué no simplemente escribir orgasmo?.. Porque no era exacto, no era...como el cuchillo...que tampoco podía ser un “cuchillo”, no era nada, era un todo imaginado sin final, como su cuento que iba a terminar pero que aún no sabía cómo...
Fábula de la que nunca acaba.
Quería empezar un cuento, escribir deslizando las teclas como mantequilla. Hoy por fin, tenía el comienzo:
Compartían la manía de nunca acabar. Como otros cuando gustan de hincar mordiscos nerviosos a las puntas de las uñas, o de hurgar en la nariz, ella alimentaba su hábito sin remordimientos.
La mesa de la cocina salpicada de panes mordidos en la orilla y dejados a medias, el librero de la sala adornado de libros con separadores a mitad y con páginas nunca leídas, el cuarto atascado de proyectos inconclusos, de sueños fracturados.
Era algo que aceptaba, preguntándose a veces por qué sería así, pero sin que le molestara en realidad. Creía que era un rasgo y nada más, como las que tenían el cabello claro, o la mirada despistada; algo que la hacía única y verdadera. A veces le había servido incluso para coquetear, para ganar alguna simpatía, algunos ojos húmedos de deseo.
Tampoco en la agencia le había traído problemas. Su jefe la toleraba porque su gran creatividad e inventiva suplían su falta de constancia. Había sido precisamente ella la que tuvo esa idea para el comercial de sopa instantánea y fue también ella quien sugirió el helicóptero con la lluvia de publicidad en el estadio, papeletas moteadas cayendo del cielo, como copos de nieve; la gente estirando al máximo los brazos flexibles para atrapar, con saltos y sonrisas ansiosas.
Tenía el trabajo perfecto para su carácter. Los abogados deben ser firmes, embusteros, los médicos fríos, sensatos, los publicistas dispersos, entusiastas de todo y finalistas de nada. El problema era ahora que quería ponerse a escribir; tenía grandes líneas para abrir y luego, letras sin acabar, puntos suspensi...
Todo empezó a complicarse tras las sesiones de sexo con Martín. Una cosa era no poder terminar una frase, dejar el arroz medio cocido, un boceto sin manos ni ojos, pero nunca terminar con Martín era algo que le preocupaba. Las últimas semanas habían estado fatal: ni un sólo orgasmo.
A la hora del buen sexo, ella se quedaba sin aire, azul. En el fondo de sus primeros gemidos y en el negro infinito de su esófago cantaba una nota roja, siempre la misma. La primera vez, todavía niña, la dulcificó pensando que no hacerlo sería de mal gusto. Y luego, cuando fueron constantes, cayendo una a una, gotificadas como en cascada, no supo cómo atenuarlas rompiendo en llantos de desmayo y muerte febril.
Pero ahora nada de eso pasaba, ni una gotita miserable. Pensó que no era ella sino el hombre. Cambió de pareja dos, tres, hasta cinco veces: nada. La entrada era maravillosa, pero por alguna razón, no había final feliz.
2
Esta noche verá a alguien nuevo, recomendado. Caminando hacia el lugar acordado piensa en las veces que ha tenido que fingir, la torpeza de todos esos amantes que le permiten imaginar listas y contarse los deberes de la semana, mientras ellos satisfacen su pequeñita gana.
Una vez adentro, en medio de aquella cama de paso, embarrada contra las sábanas blancas y su geografía de arrugas, su mente acechaba un orgasmo, una chispa, una ráfaga...Jura que esta vez...Murmura mentalmente...unos dedos como tenazas la devuelven aquí y ya dice que sí otra vez, ah, claro, que cree que sí, que qué gusto y que ah otra vez, hasta la sangre apagada del latido y el ah de la vena palatal, hasta la ay y la ey de tanto sentir la ay y la ey de ese cuchillo en su garganta y esa rosa en su pubis.
Ninguna rosa, no. No podía terminar con una imagen tan falsa, no había sentido...pero es que era tan difícil explicarlo con letras. Esas pequeñas hormigas laboriosas que no se prestan a los amontonamientos en hemiciclos abruptos...No podía escribir “rosa en su pubis”, tan cursi, tan hipócrita. Además no estaba segura si había... Era tan difícil distinguir entre el blanco de las sábanas y el del papel...Juró que terminaría pero seguía dando vueltas con eso de “la vena palatal”... y “ay”... ¿por qué no simplemente escribir orgasmo?.. Porque no era exacto, no era...como el cuchillo...que tampoco podía ser un “cuchillo”, no era nada, era un todo imaginado sin final, como su cuento que iba a terminar pero que aún no sabía cómo...
lunes, 28 de abril de 2008
Más colaboradores
Hola niños y niñas, les dejó las respuestas de S. y C. San Martín
con una variante. La segunda pregunta es distinta, si alguien se anima a contestar pues venga...
1. ¿Por qué y para qué crea usted?
R/ Porque si no no sería. Y lo hago para todos: para mis allegados cercanos y lejanos, para la niña, para el jubilado bonachón, para el joven, para los monjes, anacoretas y demás trabajadores.
2. Tras la aparición del posmodernismo, defendería usted el valor de conceptos como arte, erotismo, magia, amor, etc. o el desvanecimiento de tales ideas no le preocupa sino como una consecuencia lógica de las sociedades posmodernas.
R/ Primero, desconozco el valor del post-modernismo como marco de referencia para hacer una apología de las ideas de nuestro tiempo.
Segundo, de todos modos la post-modernidad hace pensar en una valoracion distinta del mundo donde el escrutineo indelicado, el oportunismo, la falta de respeto y buenas maneras y la integracion de ideas 'vanguardistas' al diario vivir de la gente ha creado una falta de consistencia personal y colectiva, espiritual y corporal, que deja mucho que desear. El arte, el erotismo, la magia y demas son ideas en constante desenvolvimiento, cambian fácilmente de ropaje. Esa dinámica o esa velocidad produce efectos cognitivos dentro del individuo, el mundo y la realidad que hacen suponer o pensar en una pérdida irreversible de las lógicas pasadas -el pan de cada día, de lo que se creía que era. No hay tal: ni las cosas siguen igual, ni las cosas pasadas fueron mejores, ni no sabemos nada, sabemos nuestro saber, Para qué preocuparse por eso?
Todo esto parea decir, tercero, que yo no defendería ninguna idea: misticismo, poder o liberalismo. No me preocupa, pero creo que mi perspectiva no es una consecuencia logica del mundo en donde existo, no, mas bien siento que ya no estoy para esto. (por eso pienso en jubilarme y cariños para todos).
II
R// Yo creo porque me di cuenta que era muy olvidadizo y de esa manera conservaba y transportaba el camino recorrido.
Y yo creo para que cuando me extravíe, reconozca que ya estuve allí y pronto me despida, reparta abrazos y adioses, bien contento.
R// No, yo de seguro no hubiera defendido el valor de conceptos como arte, erotismo, magia, amor, etc.
Y a la segunda parte no puedo responder, porque sé que tales ideas no se desvanecieron, ni se han desvanecido. ‘Conceptos como arte, erotismo, magia, amor, etc.,’ ya bien entrados en el siglo XXI siguen reinantes y parejos.
con una variante. La segunda pregunta es distinta, si alguien se anima a contestar pues venga...
1. ¿Por qué y para qué crea usted?
R/ Porque si no no sería. Y lo hago para todos: para mis allegados cercanos y lejanos, para la niña, para el jubilado bonachón, para el joven, para los monjes, anacoretas y demás trabajadores.
2. Tras la aparición del posmodernismo, defendería usted el valor de conceptos como arte, erotismo, magia, amor, etc. o el desvanecimiento de tales ideas no le preocupa sino como una consecuencia lógica de las sociedades posmodernas.
R/ Primero, desconozco el valor del post-modernismo como marco de referencia para hacer una apología de las ideas de nuestro tiempo.
Segundo, de todos modos la post-modernidad hace pensar en una valoracion distinta del mundo donde el escrutineo indelicado, el oportunismo, la falta de respeto y buenas maneras y la integracion de ideas 'vanguardistas' al diario vivir de la gente ha creado una falta de consistencia personal y colectiva, espiritual y corporal, que deja mucho que desear. El arte, el erotismo, la magia y demas son ideas en constante desenvolvimiento, cambian fácilmente de ropaje. Esa dinámica o esa velocidad produce efectos cognitivos dentro del individuo, el mundo y la realidad que hacen suponer o pensar en una pérdida irreversible de las lógicas pasadas -el pan de cada día, de lo que se creía que era. No hay tal: ni las cosas siguen igual, ni las cosas pasadas fueron mejores, ni no sabemos nada, sabemos nuestro saber, Para qué preocuparse por eso?
Todo esto parea decir, tercero, que yo no defendería ninguna idea: misticismo, poder o liberalismo. No me preocupa, pero creo que mi perspectiva no es una consecuencia logica del mundo en donde existo, no, mas bien siento que ya no estoy para esto. (por eso pienso en jubilarme y cariños para todos).
II
R// Yo creo porque me di cuenta que era muy olvidadizo y de esa manera conservaba y transportaba el camino recorrido.
Y yo creo para que cuando me extravíe, reconozca que ya estuve allí y pronto me despida, reparta abrazos y adioses, bien contento.
R// No, yo de seguro no hubiera defendido el valor de conceptos como arte, erotismo, magia, amor, etc.
Y a la segunda parte no puedo responder, porque sé que tales ideas no se desvanecieron, ni se han desvanecido. ‘Conceptos como arte, erotismo, magia, amor, etc.,’ ya bien entrados en el siglo XXI siguen reinantes y parejos.
miércoles, 23 de abril de 2008
rigo-borda no limpió los negativos.
Ahora sí. creo soy el único que no ha mandado las respuestas del reto chocomilk. Celebro la reanudación de los contubernios, de los manifiestos, de las negociaciones. Por eso ofrezco algunas imagenes de mi primer rollo en gato negro||gato blanco. La imagen fototónica homologó un baile en la ya desaparecida "unión de los amigos", pulquería ubicada en la colonia guerrero donde, después de un curado de avena y dos rolas de chicoché guevara, me dí cuenta que estaba atrapado por el marco físico de la imagen fotográfica ad nauseam.
Aprovecho para anunciar la celebración de las mil y un visitas a littera sanguinolenta, singular acontecimiento ocurrido la madrugada del 19 de abril -declarado oficialmente fiesta nacionavirtual- desde un ordenador con un navegador Firefox 2.0.0.6 desde la hermana república de chile...qué más da, visiten el sitio http://socratesestmort.blogspot.com y enterense de los detalles del reventón por ustedes mismos.
Aprovecho para anunciar la celebración de las mil y un visitas a littera sanguinolenta, singular acontecimiento ocurrido la madrugada del 19 de abril -declarado oficialmente fiesta nacionavirtual- desde un ordenador con un navegador Firefox 2.0.0.6 desde la hermana república de chile...qué más da, visiten el sitio http://socratesestmort.blogspot.com y enterense de los detalles del reventón por ustedes mismos.
Etiquetas:
génesis,
photo vértité,
rigo-borda
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
