Mostrando entradas con la etiqueta karlik oswaldu. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta karlik oswaldu. Mostrar todas las entradas

miércoles, 4 de junio de 2008

Espacio y tiempo.

Pregunta Mjo, y con razón, que dónde está el Aleph en mi cuento.Y eso me obliga a una aclaración. Respondo aquí porque nos incumbe a todos. Cuando el ejercicio, dije: "esa costra donde se ve pasado, presente y futuro." Pero releyéndolo me di cuenta que estaba mal. En un nota sobre su escrito Borgitos dice "lo que la eternidad es al tiempo el aleph es al espacio" De modo que A no tiene que ver con la simultaneidad sino con la ubicuidad.

Me di cuenta de esto tarde, ya Pablo y Majo estaban en planes de captar la eternidad en sus textos, de modo que no dije nada. De todos modos ¿Se puede hablar realmente de espacio sin pensar en el tiempo? El mismo Borges escribe: "vi en un traspatio de la calle Soler las mismas baldosas que hace treinta años vi en el zaguán de una casa en Frey Bentos", insertando en su epifanía aléfica, todo el tiempo, cosas remotas (pasadas) y a la vez cercanas, (presentes).

Yo quise burlarme de esa discusión filosófica profunda y elevada, con el traje de realidad virtual, parodia de la costra, que como saben, junto con el sexo virtual, no es para nada producto ficcional de una imaginación a la Verne, sino, "realidad" contemporánea. Con él se está aquí y en dondesea, como Borges en el sótano de la casa de Beatriz Viterbo, a la vez que (otra vez el tiempo) en Quéretaro y en tantas partes.

Cómo ven? nos echamos otro ejercicio sobre el verdadero Aleph espacial y no temporal? No lo creo. Pero en serio, posteen ya el otro ejercicio, les doy de aquí al viernes, o, tiránica y aborasadamente tendré que hacerlo yo mismo.

Ted, Charles, Bondy, Harvey, Oswald.

martes, 3 de junio de 2008

Viaje a Entemphul

1

Trataré de contar todo como sucedió, aunque sé que mi manía por las digresiones, mi poca fe en el tiempo y mi falta de método según estricto orden cronológico, lo harán prácticamente imposible.

Lo primero que pasó fue que llegó Estela, después de haber recibido a los invitados, y me dijo que si estaba listo.

-No, ¿para qué?
-Claramente le dije a Jacques que te avisara, ¿no te lo dijo?
- No tengo idea de lo que me hablas.

Pero claro que sabía de lo que hablaba. Estela quería que repitiera el numerito en privado, frente a sus amigos. Que ilustrara cada diminuto detalle acerca de cómo se conectaban los sensores a los glóbulos y de qué posiciones facilitaban el intercambio neuronal con la máquina.

-Pero si cualquier otro adulador lo hará gustoso, el señorito Computólogo, por ejemplo...quiensea menos yo, porque no puedo, no sé nada de eso, además debo irme temprano...
-Estela quiere que lo hagas tú.

Y eso fue todo lo que salió de la boca de Jacques. Jacques: hermoso farsante y psicólogo francés, avecindado en México diez años atrás, pero que todavía hace gárgaras con las erres y encierra las ues por pura nostalgia de su belle Paris. Quise insultarlo pero para entonces ya estaba muy ebrio y creo que fue justo después de eso que vino Estela a preguntar si estaba listo.

-No juegues conmigo, Carlos, Jacques me dijo que te había avisado y yo necesito que vayas allá y les expliques. Haz un esfuerzo, sé un poco cortés, niñito malcriado, si no, olvídate de todo esto.

Perfecta ambigüedad de las palabras; porque cuando dice “esto” sacude su mano que cruza desde su hombro desnudo hasta rozar su vientre con un gesto enfático. Esto: el dinero, la comida, la puerta al mundo glamoroso de los ricos, esto que me regala; Pero también esto-esto, porque ella piensa que para mí, su cuerpo es un lujo, que realmente disfruto pagar su mecenazgo supliendo la blandura de su marido con mi carne veinte años más joven que la suya.

-Estela, por dios, déjame en paz aunque sea esta noche.

A Estela se le suben de inmediato los colores. O se le bajan, según se vea, desde la punta tirante del vestido rojo de seda, o más arriba, desde los granitos carmesí y las venas rojizas endurecidas por el botox, más arriba aún, desde una cana enraizada en el cuero, teñida de costoso rojo cosmético conforme sale a la superficie.

Mejor no hacerla enrojecer. Además prefiero ser bueno ahora, que tener que pagar después con esos favorcitos privados que escandalizarían a cualquiera, hasta a mí, sádico y perverso ateo que se persigna ante las costumbres del sexo en el clan de los Pourreux, de doña Estela y su maridito don Manfred Pourreux.

-¿Los interrumpo? Bonsoir, Carlos...¿Cuidando a mi Estela como siempre?..Te voy a robar a mi mujer unos segundos, después puedes seguir cuidándola.

El viejo Manfred. Todo el tiempo me habla como si no supiera, como si no supiera que yo supiera que él sabe y esa continuidad desinencial de la conjugación infinita: él sabe, yo lo sé, pero pretende que no sabe para que todos parezcan saber que él no supo ni sospechó jamás. Y toda esa conjura absurda, porque de alguna forma cree que así su dignidad de cornudo no mengua. Me habla como jugando al medioevo, al cavaliere servente que tiene tácito permiso para cortejar libremente a la señora de la casa, para satisfacerla. Me habla como si en realidad él se llamara di Vecchio y mi nombre no fuera Carlos sino James y me recibiera en su casa diciendo que piacere, que molto piacere. Me mira como si aprobara, como si para él fuera un descanso de sus obligaciones maritales, como si disfrutara que yo, un niño de esperma joven, cortejara a su mujer que necesita un mozuelo que la pasee, que la llene, que la alimente.

2

El salón está abarrotado. ¿De dónde ha salido toda esta gente? Frank el psicólogo habló, en primer lugar, de las condiciones neurológicas que permiten que dos o más individuos, conectados por impulsos eléctricos compartidos, palpen y paladeen las mismas cosas simultáneamente.

El Computólogo explicó después, cómo funciona la interfaz, cómo está construido el monitor de despliegue estereoscópico, y cómo se deben colocar las lentes LCD y el traje de latex. En un arranque heroico, el señorito Computador, comenzó esa vieja misa sobre la ciencia, (que él confunde con la vulgar tecnología); dice que somos afortunados de vivir en estos tiempos, que no hay nada imposible ni inimaginable, que se puede viajar al fin del mundo sin necesidad de mover un pié, que se pueden probar los platillos más exquisitos sin tener que masticar un ápice, que se puede escribir un libro sin tener que mover un dedo. Hasta un mono podría hacerlo.

Brutal. El discurso brutal del viejo sabio computacional conmueve a todos de una manera sincera. Yo mismo me digo que es inútil tratar de igualar esa destreza histriónica y retórica. Él y no yo, él es el verdadero escritor, poseedor de imágenes perfectas, extasiadas. Termina diciendo que es gracias al traje virtual que la ciencia permite superar las barreras espacio-temporales y vivir un instante-minuto-siglo en el Tibet, en la bahía de Hudson, o en la punta de la torre Eiffel.

Esa es, por cierto, la intención del negocio. El cliente llega, solicita un escenario exótico, una fecha en el calendario (el computador de realidad virutal es capaz de reproducir el clima y pormenores exactos de cualquier fecha dada) y nombra un acompañante. Luego vienen detalles concretos, como la tersura del vestido, la intensidad de la luz solar, el sabor amargo del licor y la consistencia de la carne escogida para el almuerzo.

¿Qué hace un escritor en un negocio como éste? Yo, ya lo he dicho, estoy aquí por Estela, nada más. Gracias a Estela cobro un cheque en la nómina ficticia de la empresa. Pero mi tarea en la práctica es simple. La gente rica en este país tropical es ignorante. Su vulgaridad es inversamente proporcional al lujo de sus carros, a la obscenidad de sus cuentas bancarias. Así que cuando escogen hay que darles cierta asesoría, cosas básicas. Decirles por ejemplo, que Paris no tiene playas naturales, que Europa no es un país sino un continente.

Cuando primero me contó Manfred sobre el proyecto pensé que estaba loco. La gente con clase preferiría viajar de verdad, conocer de primera mano los museos, las tiendas del mundo.

-La gente con clase, pero aquí sólo hay gente con dinero.

Tenía razón, la clientela del negocio son sobre todo nuevos ricos, que han salido del país una vez y han sufrido tener que comer platillos malentendidos en algún restaurante, o la desesperación de sentirse perdidos por no saber cómo llegar a cualquier parte y que no arriesgarán de nuevo pasar las humillaciones propias de quien se hace entender a señas, como atávico simio.

La idea del viaje virtual además es perfecta porque en una sociedad donde los adultos juegan a tener otra vida en la red, donde los curas pueden disfrazase de putas, o donde el bobo niño nerdo alcanza el status de propietario de la corporación más importante del mundo, el sentido de qué es real y qué no lo es, se borra cada vez más con un gusto casi morboso. En una época así, donde hay quien paga por “sexo virtual” sin intercambio ni contacto real, era lógico que la mente de Manfred pensara en esta agencia de viajes Aleph.

El Computólogo acaba, se hace un silencio y llega mi turno. Sólo debo probarme el traje y demostrar cómo funciona. Estela insiste en que sea yo, porque la realidad virtual tiene dos modalidades: la telepresencia y la inmersión. En la primera quien lleva el traje es puesto en un escenario dado, Copenague, 16 de Diciembre de 1996, por ejemplo, y de inmediato empieza a tener frío, a pisar el suelo nevado de las calles, a exhalar vaho por la boca. Pero todas estas sensaciones son inducidas en un proceso que va de afuera hacia adentro: externo, ajeno, alieno y, otro sinónimo más claro: extraño.

En cambio, está otra modalidad mucho más rica: la inmersión. Aquí, es el propio cerebro el que le dice al traje qué debe sentir. El cerebro y el usuario pueden saltar de un mediodía insoportablemente caluroso en Rub-al-jalí, a una tarde fresca en la Patagonia. El problema es que sólo el cerebro que ha acumulado cierta riqueza en sensaciones, cierta erudición de los sentidos, por así decirlo, es capaz de utilizar esta versión de la máquina al máximo.

Según el Computólogo, usando esta modalidad es imposible estar en lugares en los que no se ha estado antes. Así fue como creyeron que yo había estado en Entemphul y en Galapagos, pero no es así. Mi mente, lo digo con soberbia y sin ninguna humildad, ha alcanzado el grado excelso de la imaginación. Soy capaz de crear casi cualquier circunstancia, casi cualquier situación. Así es como impresiono, una vez más, a los asistentes.

Tan pronto como la demostración termina todos quedan maravillados. Me retiro detrás de un pequeño biombo donde intento despegarme del traje. Entonces siento ese pellizco en la nalga, como sólo lo sabe dar Estela. Se disculpa frente a todos, dice que debe supervisar algunos detalles de la fiesta, y yo también me levanto y ella ríe y dice no sé que cosa y los ojos de Manfred sobre mí, cómplices, porque sabe que mis ganas lo libertan, lo aligeran de esa engorrosa tarea que para un hombre de su edad no es deleite sino fastidio.


3

Cuando llegamos al frío gélido del baño para empleados, Estela me insulta y dice que soy un imbécil, que por qué no espere un poco para no hacer nuestra partida juntos evidente, algo tan obvio, y luego dice que me calle que no quiere oírme hablar, y se ríe, y dice que en fin, que qué va, que de todos modos todo el mundo ya lo sabe, que es la envidia de Miriam grande y Miriam chica, de Betty y de Geneviève.

-Mira que tirarte a un niñito de esos, no está nada mal, ardiente, con clase..!clase, tú! si te conocieran bestia, mugre y mierda como eres...

A Estela la excita el dirty talk. Manfred y ella no tienen hijos, ella estuvo casada antes, como seguramente después, pero nunca los tendrá porque es estéril. Por eso me trata como a un hijo en la cama que necesita ser disciplinado y hay golpes y sangre.

¿Es posible violar a un hombre? Antes pensaba que no, que forzosamente había consentimiento, el miembro duro, penetrando, consciente. Pero ahora, aquí frente a Estela, como cada vez, como cada noche, yo me imagino en algún otro lugar, y pienso que si así habría sido con ella, luchando, torpe forcejeo, patadas, risas, hasta que la lucha se confunde con ganas, con sudor, con el cabello erizado, con las pupilas dilatadas, con más ganas, con mi negra piel aprensada a sus huecos blancos, con sus uñas en mi carne, rasguños, devorando.

4

El espejo húmedo de sudor, la ropa despojada, embarrada sobre el piso, los dos bultos respirando y expirando. Estoy cansado y ebrio, somnoliento. Dos puñetazos fuertes y secos sobre la puerta me despiertan. Despego el torso de Estela de mí, que me aprisiona. Busco el apagador pero me golpeo con la esquina de no sé qué mueble. Los puñetazos continúan. Tiento en mi lugar el frío del suelo hasta poder localizar la tela de mis pantalones, pero es inútil. Los golpes aumentan, alguien abre la puerta de par en par. Del cuadro de luz que deja entrar el marco de la puerta espero que se dibuje la gorda sombra de Manfred, listo para vindicar el nombre de los Pourreux. Pero en vez de eso, tres figuras espigadas con armas automáticas, vacían disparos exactos sobre Estela. Yo me quedo de pié esperando. Siento cómo cada ráfaga me penetra también, mientras el tiempo se atasca de arriba hacia abajo, inmóvil, resucitado.

Una mano gorda enciende la luz del apagador. Es Manfred. Hijos de Perra. Yo espero que me remate, que me aplaste el cráneo hasta que escupa sangre. Pero ignora mi cuerpo desnudo, se abalanza hacia las ropas de Estela y saca de su bolso de mano una llave, la guarda, sale.

5

Un mes después paso por las demediadas ruinas. El edificio está cortado, por la mitad, como en esa pintura de Brueghel de la torre de Babel. Sobre el suelo se lee en un letrero: “Aleph, agencia de viajes”. Era hermosa, debo decirlo. La estructura piramidal, terminaba en una punta chata, truncada a propósito. Entre los medios escombros se pasea un ingeniero que reparte órdenes a un par de trabajadores. Me acerco y pregunto por el futuro del inmueble. Un poco reticente, me cuenta. El Fisco había confiscado todas las propiedades de Manfred como ya sabía. Pero ahora otro gran empresario como el propio Monsieur Pourreux, – amigo íntimo de otro gran cartel, también como él, aunque esto es sólo una suposición mía – quiere conservarlo, tal cual, como fetiche, como signo y amonestación. Quizá quiera continuar la idea del restaurante, quizá también tenga planes de una agencia de viajes. Voy a contarle lo de la Agencia de Manfred pero el ingeniero me interrumpe.

–Eso de los viajes..¡ni lo dude! pase derecho y sin escalas, en avión blanco, en avión verde, en pastillitas coloradas o cómo usted quiera, seguro ya conoce el menú.

Su risa burlona me hace ver todo claramente. Nihil novum sub sole. Para viajar al fin del mundo no hay necesidad de franquear las cuatro paredes de una oficina miserable, como Pessoa; ni salir del estanque de unas ranas miedosas como Sócrates; ni siquiera se necesita un estúpido traje de latex, ni un monitor de despliegue estereoscópico, como creía el Computólogo. Basta con poco de opio y un buen libro, como de Quincey. O sin la droga y con sólo el vademécum como J. L. B. que no necesitaba de opio, ni de traje, pero que, con todo, siempre se perdió de Estela, bellísima Estela.

jueves, 22 de mayo de 2008

Pendientes

No me gusta esto del formato del Blog porque se quedan cosas en el tintero:

1. Qué pues, marijó, con lo del cuchillo? Bueno con el filo? Bueno qué pues, todos? Bajo el post... ya que no hay ánimo...

2. Qué pues con la invitación que nos hizo a todos Pablo? Señores no sean descorteses. Bajo el post Vicente mío.

3. Y qué pues con el Tibet? Bueno eso sí la verdad no me interesa mucho.

4. Qué con la fecha límite? Según sé algunos miembros ya tienen planos trazados de secciones áureas para sus fotos sobre el alef y escaletas precisas, con dibujado de carácteres y toda la cosa para su cuento. Yo digo que sí pongamos fecha (aunque nadie la cumpla) porque si no, nos da Enero y que este sea un blog de un, y sólo un ejercicio anual, me suena a Hacienda (maldita formación contable) y pues mejor darle velocidad porque seguro todos tienen ejercicios en mente que ya quieren proponer, yo tengo dos que ya se me cuecen, cocen, queman las habas que por cierto dejé en la estufa....

Tchau.

martes, 13 de mayo de 2008

Ejercicio 2. Oremos al señor para que tenga más éxito que el 1

Sencillito: el alef. Una grieta una costra, en la que se ve pasado presente y futuro. ¿Cómo contarlo? Conocemos la solución del viejito raboverde Borges en casa de Estela y el hermano celoso burlándose del ridículo bulto en el suelo... Lorenza decía que ella no lo contaría desde ningún personaje sino desde la grieta misma (reto técnico y narrativo). Bordo decía que él como algo terrible y ominoso que por miedo, el que lo encuentra no lo cuenta. Escojan estos puntos de vista o los que quieran. También el género, cuento, guión, poema, foto...minificción: Cuando despertó, el alef seguía ahí comiéndoselo. Quieren poner fecha límite? No lo creo. Oremos hermanos al señor...

jueves, 8 de mayo de 2008

A falta de evohé...

De la charla de ayer, de lo que escuché sobre nuevo historicismo que no entiendo:

Premisas:

1. La Medea de Eurípides es así y sólo así porque está escrita en ese preciso marco histórico (determinismo a la Marx? A la Hobbes?)

2. Pero Eurípides, autor, no cuenta (Barthes, Degré zéro de l’écriture?)

Entonces,

Inducción: bárbaros (Medea) contra griegos (Jasón) pero la Medea es de Eurípides no de Esquilo (no hay tal marco, en todo caso, atenienses, contra pelopo-necios y dónde quedan los abuelitos de Alejandro?)

Deducción: exilio( Eurípides en la corte de Macedonia) conflicto individuo Polis (Anaxágoras, pensamiento radical versus Pericles) pero dijimos que Eurípides no cuenta.. que alguien me explique... Crítica a la ochlogarquía? Reivindicación de la bruja? “personajes más humanos” como dice Reyes Hay un guiño a la relación Aspasia y Perícles? Pero claro todo esto es im-probable y chismerío de vecindad... y de nuevo qué tiene que decir el historicismo a todo esto?

4. Y la Medea de Passolini... es así por el fascismo? (v. g. Saló) je ne trouve aucune relation.

martes, 29 de abril de 2008

Ya que no hay ánimo

Ya que no les veo ánimo de Penteo, espero les salga su Bacante interna y se diviertan despedazando el texto, despedacen por favor, a gusto y a volonté... No digan que les gusta o que no les gusta, sino despedacen y desmenucen:
Fábula de la que nunca acaba.

Quería empezar un cuento, escribir deslizando las teclas como mantequilla. Hoy por fin, tenía el comienzo:

Compartían la manía de nunca acabar. Como otros cuando gustan de hincar mordiscos nerviosos a las puntas de las uñas, o de hurgar en la nariz, ella alimentaba su hábito sin remordimientos.

La mesa de la cocina salpicada de panes mordidos en la orilla y dejados a medias, el librero de la sala adornado de libros con separadores a mitad y con páginas nunca leídas, el cuarto atascado de proyectos inconclusos, de sueños fracturados.

Era algo que aceptaba, preguntándose a veces por qué sería así, pero sin que le molestara en realidad. Creía que era un rasgo y nada más, como las que tenían el cabello claro, o la mirada despistada; algo que la hacía única y verdadera. A veces le había servido incluso para coquetear, para ganar alguna simpatía, algunos ojos húmedos de deseo.

Tampoco en la agencia le había traído problemas. Su jefe la toleraba porque su gran creatividad e inventiva suplían su falta de constancia. Había sido precisamente ella la que tuvo esa idea para el comercial de sopa instantánea y fue también ella quien sugirió el helicóptero con la lluvia de publicidad en el estadio, papeletas moteadas cayendo del cielo, como copos de nieve; la gente estirando al máximo los brazos flexibles para atrapar, con saltos y sonrisas ansiosas.

Tenía el trabajo perfecto para su carácter. Los abogados deben ser firmes, embusteros, los médicos fríos, sensatos, los publicistas dispersos, entusiastas de todo y finalistas de nada. El problema era ahora que quería ponerse a escribir; tenía grandes líneas para abrir y luego, letras sin acabar, puntos suspensi...

Todo empezó a complicarse tras las sesiones de sexo con Martín. Una cosa era no poder terminar una frase, dejar el arroz medio cocido, un boceto sin manos ni ojos, pero nunca terminar con Martín era algo que le preocupaba. Las últimas semanas habían estado fatal: ni un sólo orgasmo.

A la hora del buen sexo, ella se quedaba sin aire, azul. En el fondo de sus primeros gemidos y en el negro infinito de su esófago cantaba una nota roja, siempre la misma. La primera vez, todavía niña, la dulcificó pensando que no hacerlo sería de mal gusto. Y luego, cuando fueron constantes, cayendo una a una, gotificadas como en cascada, no supo cómo atenuarlas rompiendo en llantos de desmayo y muerte febril.

Pero ahora nada de eso pasaba, ni una gotita miserable. Pensó que no era ella sino el hombre. Cambió de pareja dos, tres, hasta cinco veces: nada. La entrada era maravillosa, pero por alguna razón, no había final feliz.
2

Esta noche verá a alguien nuevo, recomendado. Caminando hacia el lugar acordado piensa en las veces que ha tenido que fingir, la torpeza de todos esos amantes que le permiten imaginar listas y contarse los deberes de la semana, mientras ellos satisfacen su pequeñita gana.

Una vez adentro, en medio de aquella cama de paso, embarrada contra las sábanas blancas y su geografía de arrugas, su mente acechaba un orgasmo, una chispa, una ráfaga...Jura que esta vez...Murmura mentalmente...unos dedos como tenazas la devuelven aquí y ya dice que sí otra vez, ah, claro, que cree que sí, que qué gusto y que ah otra vez, hasta la sangre apagada del latido y el ah de la vena palatal, hasta la ay y la ey de tanto sentir la ay y la ey de ese cuchillo en su garganta y esa rosa en su pubis.

Ninguna rosa, no. No podía terminar con una imagen tan falsa, no había sentido...pero es que era tan difícil explicarlo con letras. Esas pequeñas hormigas laboriosas que no se prestan a los amontonamientos en hemiciclos abruptos...No podía escribir “rosa en su pubis”, tan cursi, tan hipócrita. Además no estaba segura si había... Era tan difícil distinguir entre el blanco de las sábanas y el del papel...Juró que terminaría pero seguía dando vueltas con eso de “la vena palatal”... y “ay”... ¿por qué no simplemente escribir orgasmo?.. Porque no era exacto, no era...como el cuchillo...que tampoco podía ser un “cuchillo”, no era nada, era un todo imaginado sin final, como su cuento que iba a terminar pero que aún no sabía cómo...



lunes, 28 de abril de 2008

Más colaboradores

Hola niños y niñas, les dejó las respuestas de S. y C. San Martín
con una variante. La segunda pregunta es distinta, si alguien se anima a contestar pues venga...

1. ¿Por qué y para qué crea usted?
R/ Porque si no no sería. Y lo hago para todos: para mis allegados cercanos y lejanos, para la niña, para el jubilado bonachón, para el joven, para los monjes, anacoretas y demás trabajadores.

2. Tras la aparición del posmodernismo, defendería usted el valor de conceptos como arte, erotismo, magia, amor, etc. o el desvanecimiento de tales ideas no le preocupa sino como una consecuencia lógica de las sociedades posmodernas.

R/ Primero, desconozco el valor del post-modernismo como marco de referencia para hacer una apología de las ideas de nuestro tiempo.
Segundo, de todos modos la post-modernidad hace pensar en una valoracion distinta del mundo donde el escrutineo indelicado, el oportunismo, la falta de respeto y buenas maneras y la integracion de ideas 'vanguardistas' al diario vivir de la gente ha creado una falta de consistencia personal y colectiva, espiritual y corporal, que deja mucho que desear. El arte, el erotismo, la magia y demas son ideas en constante desenvolvimiento, cambian fácilmente de ropaje. Esa dinámica o esa velocidad produce efectos cognitivos dentro del individuo, el mundo y la realidad que hacen suponer o pensar en una pérdida irreversible de las lógicas pasadas -el pan de cada día, de lo que se creía que era. No hay tal: ni las cosas siguen igual, ni las cosas pasadas fueron mejores, ni no sabemos nada, sabemos nuestro saber, Para qué preocuparse por eso?
Todo esto parea decir, tercero, que yo no defendería ninguna idea: misticismo, poder o liberalismo. No me preocupa, pero creo que mi perspectiva no es una consecuencia logica del mundo en donde existo, no, mas bien siento que ya no estoy para esto. (por eso pienso en jubilarme y cariños para todos).

II

R// Yo creo porque me di cuenta que era muy olvidadizo y de esa manera conservaba y transportaba el camino recorrido.
Y yo creo para que cuando me extravíe, reconozca que ya estuve allí y pronto me despida, reparta abrazos y adioses, bien contento.


R// No, yo de seguro no hubiera defendido el valor de conceptos como arte, erotismo, magia, amor, etc.
Y a la segunda parte no puedo responder, porque sé que tales ideas no se desvanecieron, ni se han desvanecido. ‘Conceptos como arte, erotismo, magia, amor, etc.,’ ya bien entrados en el siglo XXI siguen reinantes y parejos.

miércoles, 23 de abril de 2008

Oiga Lorenza

Publico aquí y no en comentario porque salió un texto muy largo:

Oiga, Lorenza, ¿no nos conocíamos ya usted y yo de otra vida? Recuerdo haberla visto en una hoguera ardiendo con el pelo enredado (o era sin pelo, rapada, calva) yo papel en mano leyendo en sánscrito acusaciones y decrepitudes. Luego un segundo recuerdo, yo ardía en un rojo leño dentro de una olla, pegándoseme la carne entre las uñas, fundidas, gotificadas, y usted leía un papiro cantando jitanjáforas en latín.

Pero a esos dos recuerdos, se sobrepone un tercero: Dentro de una habitación blanca, me veo embarrado de tinta negra, asomando una nariz ganchosa y chorreando brazos, piernas, calva, hasta formarse limpios, negros, ojos; luego usted parece repetir la misma operación. En la habitación hay otro viejo ciego que garabatea signos y habla con una presuntuosa voz rioplatense.

Como sea, lo que le quería decir es lo siguiente:

1. Usted se equivoca en dos cosas: nada tiene que ver la fe ni la religión con el monopolio divino de la escritura. Se puede decir que sólo se empieza a escribir a partir de esta autoconciencia: El libro terapéutico más ingenioso es la biblia. Dios se aburría tanto, a bostezos, que se inventó un paradiso y dentro puso: peras, saltimbanquis, guayabas, rameras, osos, violadores, burros, abnegadas, ocelotes, policías y luego los echó a andar, como relojito suizo. Pero los relojitos fueron clonados y vendidos en contrabando. (también por la gracia de dios claro está, que repetía a veces, la operación del Fastidio.)

El segundo equívoco es el deportivo: yo no practico ningún deporte. Me gusta el box, pero ya no está Julio para que me enseñe. Me gusta el esgrima, pero es tan difícil encontrar buenos matches hoy en día y están los precios y las voluntades y todas esas pequeñas cosas que se interponen.

2. Así como yerra, reconozco, acierta en mucho. Primero, en mi decrepitud, soy un anciano de cien años encerrado en un cuerpo adolescente. No, no se apiade, no hay necesidad, no sufro, a lo mucho me molestan los barros, las espinillas y los chillones cambios de voz, pero todo es tolerable.

También es cierto que "hago como que no me importa". Si de vida en la mañana todos somos necios falsificadores (unas mascaras son más lindas que otras) la oportunidad en el papel se multiplica, donde puedo "hacer" como que "hago" y puedo "hacer" como que "soy" "dios" jesús" "aláluya...!"

3. Por último una aclaración: (la primera la creo innecesaria por lo que escribí al comienzo pero va igual) Si se fija, yo no la acusé de plagio. Sólo porque creo que el fusil es la herramienta más importante de todo escritor (más incluso que la mano, pregúntenle a Pessoa), pero sobre todo porque la cosa en realidad se trataba de un cumplido. No a usted ni a mi, bandidos de entreceja y encrucijada, sino al Uno bendito que nos regaló con las mismas ideas. Por eso remitía a Torri etc.

4. Por último, último, lamento no poder responder su pregunta sobre ¿Cuál sinsentido..? Escribo este mensaje, desarmado, sin fúsil, no tengo a la mano ni mi diccionario de dudas, ni mi Derrida, ni mi Barthes. Desnudo simplemente, contemplo "La alfombra de hojas iluminadas por la luna", que me sugiere Calvino, esperando porque después mentirá sobre ellas y sobre las rameras y querrá que vaya y cite: Odisea iv, 432, para burlarse de mi, me mira y hace mueca de sacar mi niño interno pero resisto. Y todo esto sucede sí, bajo un árbol y sobre una alfombra.

'Eroso' como decía Aristóteles o 'May the force be with you' como el pato Lucas.

martes, 22 de abril de 2008

Primer ejercicio

Y como ya se echó a andar esto, propongo un primer ejercicio, el más simple:

1.Gimnasia y sparagmós.

Para los que no son clasicistas traduciré: gimnazo significa desnudarse, primer requisito de cualquier ejercitamiento, y sparagmós significa despedazamiento báquico: evohé! evohé! (ahora ya todos me siguen gracias a Rayuela 68, pero ni se emocionen, aquí no habrá nada de sexo -ni si quiera virtual- por desgracia).

Entonces: todos ponemos un texto (reciente) y los demás: evohé! evohé! lo despedazamos o simplemente opinamos, como prefieran.

Pero por orden, no me atropellen, un texto a la vez, y no pasamos al otro hasta no haber acabado con el primero, no importa si toma meses, semanas o días. Porque si no, es puro chaos (pronunciado a la gringa).

Yo subiría uno, pero van a decir que soy más acaparador que la mafia cultural mejicana, así que, ¿quién dijo yo? si para el lunes no hay texto entons subo yo el mío.

Género: libre
Tema: libre
Extensión: no más de 5 cuartillas porque si no, no acabamos.

Salud y Diversión!.
Estimada Marijó: las respuestas están en voceo porque no las escribió su servidor sino don Bretón que le daba de "las de usté" a Don Octavio. (nótese el don y el Don), el caso es que me perdonará vuestra merced, yo por el contrario creo que el "usted" no desaparecerá, sino al contrario, acabaremos hablándonos de usted entre enamorados, como lo hacen los presumidos bogotanos.

Estimados todos, mis respuestas:


1. Creo para robarle el monopolio del sinsentido a dios, Alá y Jesús. Para no tener que verme ni deberme en el espejo. Creo para sacar mis bichos y verlos clarear mariposas bien peladitas sobre el papel. Y también por las ideas que expresa Lorenza, que, francamente, me las fusiló (yo también se las fusilé a otros, pero eso no es relevante. cfr. De Fusilamientos, Torri).


2. El planteamiento sobre la validez del suicidio a partir del ejemplo de Sísifo, no es válido ni para mi, ni para nadie, por eso, inevitablemente, siempre llegaremos a las mismas conclusiones que Camus: ¿Vale la pena vivir la vida? Verá señor, Camus, había una vez... Y como digo, no soy clavadista así que mejor ni hablar que filosofar...trabajar, trabajar, yala, yala, yala, sin detenerse a respirar...

viernes, 21 de diciembre de 2007

allo?? poesia es poesia no eres, no tu, cursi elena, garrote, facilia etc...poesia no es.